Para mucha gente era muy raro eso de que se pudiera decir decimotercero y estuviera prohibido decir decimoprimero. Casi tan raro como lo de que podamos decir nadé y en cambio nos regañen cuando decimos andé, y tan inexplicable como que las almóndigas estén en el Diccionario desde 1726 y en cambio las cocretas sigan teniendo vetada la entrada…
Pero era así, y durante muchos años se corregía a quienes escribían decimoprimero (y también a los que usaban decimosegundo), pues además de no estar recogidas en el Diccionario, esas palabras estaban censuradas en todos los libros y manuales de estilo.
Era de incultos decir o escribir esos ordinales, y sucedió lo que aún muchos hablantes se resisten a creer: ciertas formas usadas por esos incultos resisten a las críticas y a las regañinas, y, poco a poco, van instalándose en el discurso de los no ya tan incultos, hasta lograr colarse en el terreno de los cultos. Así, lo cierto es que hoy, ya a finales del 2024, cuando alguien utiliza la voz decimoprimero hay que ser algo intransigente para poner en duda su grado de cultura, aunque siempre queda —y eso es bueno— un resabio, un resquicio…
Y es que decimoprimero y decimosegundo llevan solo diez años en el Diccionario, y eso para la historia de la lengua es poco tiempo. Son, pues, casi unas recién llegadas al territorio de lo «permitido» o «aceptado». Si bien, para decir toda la verdad, ya en el 2005, en el Diccionario panhispánico de dudas, se consideraba aceptable su uso.
No tenía ninguna lógica —cosa habitual en cuestiones de lengua— que se pudiera decir decimotercero o decimocuarto y estuviera prohibido decir decimoprimero. Era tan ilógico como lo de que la primera persona del singular del presente de indicativo del verbo caber no sea cabo, sino quepo…
Es muy probable que llegue el día en el que cuando alguien pronuncie las palabras undécimo o duodécimo su interlocutor piense: «¡Ya está otra vez este impertinente con sus palabros raros!»
Visto todo lo anterior, y aunque pueda provocar extrañeza, quedan ustedes invitadas e invitados a navegar contracorriente y preferir las formas cultas, que siempre son más elegantes.
¡Y por supuesto nada de onceavo y doceavo usados como ordinales, por favor!